Nuestros vídeos porno Favoritos

Cerró la puerta con clave. Estábamos sólo en casa, sus padres trabajaban. No éramos pareja, éramos dos jóvenes que se lo querían pasar bien, que querían hacer uso de su juventud. Se lanzó sobre mío, me besó. Continuó besándome, lo hice continuar. Nos besábamos violentamente mientras él me tocaba el culo, me lo pulsaba muy fuerte. Nuestros cuerpos se balanceaban juntos mientras mi *entrecuix palpaba su sexo tapado por la ropa. Necesitábamos sacar aquello que sentíamos. Paramos para ir a lo suyo habitación. Sonreí, quería cerrar de nuevo la puerta. Se aproximó a mí, los dos estábamos de pie. Sus labios eran húmedos, mis secos y en un beso escurridizo se engancharon. Sus besos empezaron a deslizar por mi cuello sin control, eran muy lentos. Empecé a desnudarlo, el también lo hizo. Nos quedamos en ropa interior. Nuestros cuerpos chocaban a la vegada que lo hacían nuestras lenguas. Lo cogí, lo asusté a la cama, cayó, me metí encima suyo. Cada vez tenía más ganas de sentirlo mío. Me sacó el sujetador. Los besos bajaban hasta llegar a mis pechos. Me los tocaba, me los mordía, me los besaba. Mis manos tocaban su sexo, lo acabé de desnudar. Empecé a tocarlo. Él introdujo su mano en mis calcetas mientras me besaba al cuello. Llegó a mis labios, tocaba mi vagina con fuerza, la misma en la que yo lo tocaba a él. Introducía los dedos y los sacaba, pellizcaba mi *clítoris, quería que miel’ mordiera.

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No paraba de besarme el cuello, me metía muy caliente. Cada vez me tocaba con más bastante, el placer era máximo, le arañaba la espalda, le mordía el cuello, no podía parar de gemir. Entonces los besos volvieron a bajar. Besó todas las partes de mi cuerpo, las zonas secretas, rincones *erògens que yo desconocía pero que él conocía muy bien. Sin pararse a mis pechos, continuó, este golpe bajó mucho más, a la zona prohibida. Empezó a besarme la vagina, su lengua luchaba con mis labios, toques *bruscos de amor. Me mataba lentamente con cada lamida que me hacía. No sentía peso, no sentía nada, sólo placer, mi mente *gemia.

Historia de bisexuales

Entra como si estuviera en casa suya. Se sienta y se desabrocha los zapatos, sin dejar de mirarme. Se estira y se relaja fumando un pitillo. Nunca me ha pedido permiso para encender una. No le hace falta. Si yo le negara, ella lo encendería igualmente, sin hacerme caso soy un bisexual.
Hace dos años que escucho sus historias. Ya tiene el alta, pero ella continúa viniendo todos los jueves y yo lo espero con deleite. Tengo una teoría sobre ella. Creo que durante dos años se ha inventado su vida con mil fantasías.

Dialogo y videos bisexual

—Hoy lo he vuelto a hacer –espera una palabra mía.
—Dispara –respondo.
Hace una calada profunda al pitillo y continúa. Yo aprovecho también para relajarme y le cojo una.
—Siempre me pasa el mismo, cuando empieza el buen tiempo. Miro la ropa que tengo del año pasado y me vuelve a salir el vestido negro. Me lo pongo y decido salir a la calle sin ropa interior.
La miro y veo que todavía lo lleva ademán.
—Continúa –le digo.
—Espero un buzo y elijo el que hay más gente. Cómo que tengo que ir derecha, me cojo de una anilla para no caer y no pasan ni dos segundos que siento la respiración de alguien a la nuca. Miro el reflejo al vidrio y si el hombre que es a mi detrás me gusta, le sonrío. Cuando el conductor coge una curva con demasiada velocidad, me suelto. El hombre me coge de las caderas y aprovecha por  refregar-se a mi culo. Miro donde puedo bajar y pulso el botón rojo de parada. Él se pone a mi detrás para bajar conmigo. Me sigue a cierta distancia y noto como me mira. Voy hacia el  Morryssom y me siento a la barra, dejo la bolsa al lado. Pido una cerveza muy fría y me quedo mirando las tapas. Tengo hambre. Él ya ha entrado y se sienta en una de las mesas que hay libres. Continúa mirándome, quizás esperando una señal mía. Bebo un trago de cerveza y me enciendo un cigarrillo. Él hace el mismo a su mesa y suelta el humo mirando el techo.
—Cómo es que has elegido el  Morryssom? –le pregunto, despertado la curiosidad.
— Hmmm, porque me gusta, para nada más –contesta ella, contrariada por mi inoportuna interrupción.
—Pues como te decía… Por donde iba?
—Él fuma.
—Ah, sí. Continúo, no?
Le contesto que sí con la cabeza. Quiero que ponga un vídeo porno bisexual
—Apago el pitillo y bebo otro trago de cerveza. Cojo la bolsa y me voy hacia el lavabo, esperando que él me siga. El lavabo está ocupado y me espero al pasillo. Cuando estoy a punto de entrar, me empujan ninguno dentro con violencia y me cogen las manos por última. Me ponen un pañuelo al ojos y me giran. Mi corazón ha empezado a latir, cada vez más fuerte. No sé si llamar o dejarme hacer. Pero unas manos que parecen de mujer por su suavidad me suben por los muslos, levantándome la falda. “Lo has hecho nunca con una mujer?” –me pregunta una voz femenina. Le contesto que no con la cabeza y me suelto. “Nunca”. “Acostumbras a no llevar ropa interior?” Sonrío. “Sólo cuando me pongo este vestido”, le respondo. “Yo, no en duque nunca”, me dice ella “Cuánto he visto que no se te marcaban las calcetas al vestido de punto he sabido qué querías”.
Mientras ella me va contando qué hacían las dos le cojo otro cigarrillo.
—Continúo?
—Está claro, mujer. Sólo quería fumar.
—La mujer sabe qué tiene que hacer, parece experta en el arte de estimar las mujeres. Me besa y me roza un pezón por sobre el vestido. Me besa el cuello y va bajando hasta los pechos. Ahora sus manos ya son a la  entrecuix y me separa las piernas. “Ábrete”, me ordena. Le hago caso y comprueba con un dedo mi estado. Estoy realmente excitada y se me nota. Me entra suavemente y mueve la mano como en ese vídeo sexo bisexual. Con la palma me  refrega y no deja de besarme y de moverse dentro de mío. Siento que de un momento al otro llegaré donde quiero y al final lo consigo. Tengo una explosión dentro de mío como hacía años que no sentía. Pican a la puerta y nos continuamos besando cogidas de las manos. Le quiero corresponder, pero ella me para. “Tranquila, nos volveremos a ver”, me dice. Quiero sacarme el pañuelo que me tapa los ojos y me dice: “Déjatelo hasta que yo marche. Te lo quedas como recuerdo.”
Se queda callada unos minutos y enciende otro pitillo. Se incorpora y busca algo dentro de la bolsa. Saca el pañuelo. Me sonríe. Se levanta y viene hacia mí con una expresión risueña a los ojos.
—He decidido que hoy es el  útima vez que nos vemos. No querrás decepcionarme,  oi? –me dice mientras me tapa los ojos con el pañuelo de seda…

Fuente: Videos X 

 

Como si fuera un Vídeo porno Amateur

Son las diez de la mañana. Decido que ya he dormido bastante, y  treientme la pereza de sobre voy hacia la ducha. Me miro al espejo y me congratulo al comprobar que mi “ amigueta” también está muy despierta. Parece que tiene ganas de fiesta. Quizás más tarde, pienso. Esto empezaba como un Vídeo porno Amateur.
Un golpe duchado y almorzado me voy al gimnasio. Al llegar voy directo al vestuario, pasando por ante la recepcionista, que me dedica un “buen día” con una curiosa sonrisa. Es una chica que sin ser  exuberante tiene un encanto especial. Nunca lo he visto de cintura para abajo, pero tiene una cara realmente bonita, tanto inocente que resulta morbosa. Tiene el cabello castaño claro, ojos de color miel enorme, nariz pequeña y labios finos. Parece tener un cuerpo bastante delgado, con unos pechos pequeños pero firmes. Siempre he pensado que esta chica me trata diferente al resto de clientes del gimnasio, pero tampoco le doy demasiada importancia.

Cuando empieza el vídeo porno amateur

Dentro de los vestuario encuentro al monitor  dotantes. Nunca me he considerado homosexual, pero si me ha gustado contemplar la belleza, tanto masculina como femenina. El monitor tiene un cuerpo realmente escultural, muy  muscula sin llegar a ser desproporcionado. Me fijo en su cuerpo, mientras me voy  treinta la ropa por  posarme la de deporte, y no puedo evitar las siempre odiosas comparaciones. Mi cuerpo es de lo más normal. Siempre me ha gustado mantendremos en forma, pero los  quiletas de más después de las fiestas navideñas son inevitables.

Salgo del vestuario, y entro al gimnasio. Me siento realmente activo y con mucha energía, y cuando miro al mío cercando, me doy cuenta que me he quedado solo. Miro al reloj y ya son los dos pases. Entonces me recuerdo que el gimnasio cierra a las dos, y en este momento viene el monitor a  recordarme de este vídeo porno amateur.

Me comenta que hoy me ha encontrado mucho en forma. Vamos juntos hacia la ducha charlando agradablemente. Un golpe bajo los relajantes rayos de agua noto como me mira  disimuladamente el pene. Le sonrío y le pregunto descaradamente qué está mirando. Me felicita por el  tamaño de mi aparato, cosa que me halaga y  ruboriza.

Mientras me continúo remojando la cabeza, veo que sale, y hace una perdida con el móvil. No le doy ninguna importancia, hasta que siento que alguien entra al vestuario. Me  extraño, puesto que el gimnasio está ya cerrado, y cuando me giro me encuentro a la recepcionista con la mano a la cintura del monitor y  mirante con, de nuevo, aquella misteriosa sonrisa a los labios… “No te había dicho que tendrías hoy un buen día?, pues no ha hecho más que empezar…” me dice, mientras lentamente se acerca en la ducha y me coge de la mano. Me hace sentar a un banquillo, junto al  muscula monitor, dejando un lugar en medio que pronto se encarga de ocupar ella misma. Yo todavía  pérlese miro a los dos a los ojos, buscando su aprobación,  perqué tienen que saber, que un golpe empiece, ya no me podré parar… La recepcionista iba vestida con una  blusa  apretada a su cuerpo  menú, una falda corta y unas medias de tipos  colegial que siempre me han resultado mucho  sexys. A los pies, unas botas de talón.

Mi erección es ya evidente y no puedo contener las ganas a tener sexo con esta chica, protagonista de tantas fantasías maquinadas en un frío baño, y porque no  duro, con aquel escultural hombre, el deseo de toda mujer, y la disimulada envidia de todo macho. Cuando volví en sí, el monitor y la recepcionista se estaban ya besando apasionadamente. Él le  marejada sin ningún tipo de delicadeza los pechos, mientras ella suavemente nos  masturbaba a los dos, con una mano a cada cual. Decido explorar por mi cuenta y me arrodillo a los pies de mi  desea. Le saco las botas, y me recreo bajando despacio las medias, descubriendo centímetro a centímetro aquellas suaves piernas, que hasta hoy sólo me había podido imaginar. Las medias están ya a la altura de los tobillos, y se las acabo de sacar,  diantres querencias por tierra. Es cuando miro hacia arriba y veo sus  insinuantes piernas, y al horizonte, escondidas entre una falda estrujada, unas pequeñas  calcetes blancas, cuando la  luxaría se apodera de mí, y pierdo el control.

Fuente:

http://blablaporno.com/la-parejita-le-gusta-follar-y-grabar/

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Las Lesbianas se destapan

El hecho que aquella mujer me hubiera confesado que intencionadamente había llamado más del cuento con el objetivo que yo la pudiera escuchar, era un hecho que aumentó todavía más las ganas de poseerla. Así que no tardé mucho a hacerla levantar de la posición que había cogido su cuerpo para poderme hacer la increíble mamada que me había hecho. Un golpe levantada, y los dos de cara a cara, nuestras miradas quedaron fijadas la uno en el otro. Sus ojos con mirada transparente me tenían hipnotizado, besé su boca todavía con gusto de mi sexo. Su espalda estaba apoyada en una de las paredes de la ducha, mientras mi cuerpo se chafaba contra el suyo. En esta posición y mientras nuestras lenguas estaban entrelazadas, le levanté una pierna y mi sexo rápidamente fue a buscar el suyo. Después, le levanté la otra pierna y ella colgó sus brazos de mi cuello y entrecruzó sus piernas por detrás de mi culo. Y empecé a *follar-la. Mi pelvis se movía con ligeros movimientos y hacía que mi *polla entrara y saliera de su coño. Cada vez que la penetraba, ella gemía de placer. De vez en cuando, cerraba los ojos asimilando el placer que estaba recibiendo mientras sus labios besaban los míos.

El ritmo fue aumentando, las entradas eran cada vez más contundentes y profundas. Sus gemidos eran cada vez más fuertes. El bastante que hacía mi cuerpo hacía que suyo quedara chafado contra la pared. Sus uñas arañaban mi espalda y mis manos seguían sosteniendo su culo. Estuvimos así un buen rato, *follant bajo el agua de la ducha. El ruido del agua a la ducha también ayudaba a amortecer los chillidos de placer que de vez en cuando se *escaven del interior de la Núria. Estábamos disfrutando tanto, que el orgasmo no tardó mucho. No me puedo sacar de la cabeza aquel momento. Ella mordiéndose el labio para evitar llamar, los ojos cerrados y recibiendo mis empujones. Los gritos de liberación que hizo coincidió con mi descarga de semen en el interior de su coño.

La dejé despacio, procurando que sus pies le volvieran la estabilidad. Habíamos *xalat cómo nunca, pero entonces empezaban los primeros remordimientos. Habíamos sido *follant a escasos 20 metros de nuestras parejas y esto nos empezó a afectar. Sellamos un pacto de silencio y acordamos asimilarlo de la mejor forma. Aquello, había sido un resbalón que no se tenía que volver a repetir. Así que después de enjugarnos, fuimos a nuestras respectivas camas.
El día siguiente, nuestras miradas continuaron buscándose en la hora del almuerzo. La mochila de los remordimientos se había descargado del todo y el deseo volvió a apoderarse de nosotros.

Fuentes:

https://videosdesexogratisyrelatos.wordpress.com/2014/11/01/los-videos-de-lesbianas-y-los-juegos/

http://videossexualesx.blogspot.com.es/2014/11/lesbianas-cachondas-lesbianas-follando.html

http://videosdesexogratisyrelatos.wordpress.com/2014/11/01/ya-sabes-que-los-videos-de-lesbianas-es-wea/

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Amasando el Pan

Ayer estaba cansada, salí de trabajar pasadas las ocho, y subí al metro absorta en mis pensamientos. Hacía aquel viaje de forma totalmente automática, transbordos, etc. Sólo pensaba que cuando llegara a casa todavía tenía que hacer la demasiada del pan que había sacado el día antes y me hacía mucha pereza. Hacer pan, es todo un proceso, no os pensáis, tienes que ser previsor y sacarlo con tiempos porque la demasiada madre es mucho señora… Yo no había hecho nunca antes, pero después de aquel curso decidí de probarlo, no parecía tan difícil. Esta era la tercera vez que lo intentaba, las otras habían sido un auténtico desastre. Siempre me había salido un pan medio crudo que no gustó a nadie. Sólo mi abuela, pobre, lo había elogiado… ¿Qué haríamos sin las abuelas, eh?

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Pues bien, junto a casa estaban inaugurando un restaurante muy cuquetó y estaba pleno de gente bastante más grande que yo, haciendo un tipo de aperitivo de pie. Entré con un poco de morro, pensando vaya por Diós, como caído del cielo, comes cuatro canapés y ya no hace falta que te hagas cenar. Sólo entrar un chico me ofreció una copa y me dijo que me recomendaba que probara el montadito de guacamole… Le hice caso, realmente era buenísimo… Estuvimos hablando un rato de si el guacamole con cilantro o no, y tal, mientras yo iba saciante mi estómago. Él me dijo que se alegraba de haber encontrado alguien más como él, que traía un rato muy aburrido, yo le confesé que vivía en el edificio del lado y que había entrado por casualidad y por pereza de cocinar.
Resultó que su tio era el cocinero del restaurante, y que él se había pasado toda la tarde a la cocina ayudándolo. sabía mucho cocinar. Cómo que yo justo aquel trimestre había hecho el curso de cocina tenía todas las recetas frescas a la cabeza y empezamos a hablar de sopas de sandía, ensaladas exóticas y un largo etcétera. Entonces no sé como fuimos a parar a mi pan que esperaba que yo lo amasase. Le dije que había probado de hacer un par de golpes pero que no me salía, y que hoy estaba cansada y que ya lo dejaba por imposible, que tiraba la toalla. Él me sonrió y me dijo con un filete de voz que si quería podía subir y me enseñaba un par de trucos. Pensé porque no.
Entramos al pequeño ascensor de mi bloque y yo notaba como la tensión que se generaba entre nosotros revotaba de un espejo al otro del ascensor. Entonces se me acercó y me hizo una caricia apartándome los cabellos de la cara diciendo: Qué suerte haberte encontrado hoy. Y dándome un beso muy cálido a la punta de los labios.
Yo noté como una descarga eléctrica me recorría todo el espinazo y correspondí con una sonrisa y uno estoy de acuerdo, acercándole de nuevo mis labios y nos hicimos un señor beso. De aquellos en que las lenguas parecen poseídas por una fuerza sobrehumana, en que sólo mandan ellas y controlan toda la escena.
Al llegar a mi planta, la puerta del ascensor se abrió y nos volvió a la realidad. Bajamos rápidamente y abrí la puerta del piso. Sólo entrar ya sentía el olor de la levadura cruda de la demasiada del pan. Y con una sonrisa socarrona le dije: El deber de te llama, señalándole el bol con la demasiada. No sé si es el que quiero ahora… Me dijo él cogiéndome por las caderas y acercándome hacia él y plantándome otro beso. Liberándome como pude de la tentación, me aparté y le dije que yo ahora sí que quería acabarlo, que era un reto personal y que si no ya lo haría a solas. Él resignado me dijo: Muy bien, pero cámbiate de ropa y ponte algo que se pueda manchar, que la harina es traidora.
Fui rápidamente hacia la habitación y me saqué la blusa y me puse un vestido de verano bien fresquito.
Cuando volví hacia la cocina, él se había espabilado para encontrar la harina que había esparcido por sobre el mármol porque no se enganchara la demasiada y me dijo: Llegas justo a tiempo. Mira el secreto para hacer un buen pan, se llama stretch and fold. Fíjate. Voces como lo estiro? Y después lo pliegas por todos los lados. Voces? Ahora pruébalo tú.
Me puse ante la montaña blanca de sobre el mármol y empecé a copiar el que él había hecho. La demasiada era muy enganxosa y no me salía. Entonces él se puso detrás mío y me cogió las manos para guiar los movimientos. Noté su aliento a mi nuca y otro escalofrío me recorrió de arriba abajo. Él también estaba tienes y desconcentrado, sentía como me olía delicadamente junto a cuello haciendo sonar mi pendiente al rossar-lecon la punta de la nariz. Sin darnos cuenta nuestras manos dejaron de amassar el pan, y se dedicaban a enlazar nuestros dedos danzando su propio baile. Todo el cuerpo empezó a danzar, y yo lo notaba detrás mío cada vez más excitado. Muy despacio sus manos se fueron deslizandose por mis brazos hasta que hábilmente tocaron muy suavemente mis pechos. Noté como los pezones se me ponían de punta de golpe.
Él también lo debía de saber, puesto que incrementó las caricias en aquella zona, acariciando el borde del vestido encima la pitrera con una mano, mientras la otra la bajaba rápidamente hacia mi muslo donde empezaba un proceso pareciendo jugando con el borde de mi vestido y estrujándola hacia arriba.
Yo estaba que me fundía, disfrutando como nunca, de su juego de caricias. Por la parte de arriba se las había apañado para graparme un pecho mientras me besaba suavemente el cuello detrás la oreja, mientras la otra mano ya estaba a mi entrepierna haciéndome sufrir como nunca. Una voz interior me decía, por favor, no aguanto más tócame ya… Y dedo, y hecho, rápidamente va escolar-se por entre mis bragas y me puso un dedo dentro. Luego que me tocó me cuchicheó: Mmm… para mojar pan…
Y el resto de la historia creo que os la dejo por vuestra imaginación, sólo os diré que no me lo había montado nunca al mármol de la cocina del piso y que valió mucho la pena. Finalmente acabamos el pan. A la tercera va la vencida, el mejor pan que he hecho y el que ha tenido la miga más esponjosa! (Claro que con tanto rato de reposo no me extraña)
Aria