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Amasando el Pan

Ayer estaba cansada, salí de trabajar pasadas las ocho, y subí al metro absorta en mis pensamientos. Hacía aquel viaje de forma totalmente automática, transbordos, etc. Sólo pensaba que cuando llegara a casa todavía tenía que hacer la demasiada del pan que había sacado el día antes y me hacía mucha pereza. Hacer pan, es todo un proceso, no os pensáis, tienes que ser previsor y sacarlo con tiempos porque la demasiada madre es mucho señora… Yo no había hecho nunca antes, pero después de aquel curso decidí de probarlo, no parecía tan difícil. Esta era la tercera vez que lo intentaba, las otras habían sido un auténtico desastre. Siempre me había salido un pan medio crudo que no gustó a nadie. Sólo mi abuela, pobre, lo había elogiado… ¿Qué haríamos sin las abuelas, eh?

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Pues bien, junto a casa estaban inaugurando un restaurante muy cuquetó y estaba pleno de gente bastante más grande que yo, haciendo un tipo de aperitivo de pie. Entré con un poco de morro, pensando vaya por Diós, como caído del cielo, comes cuatro canapés y ya no hace falta que te hagas cenar. Sólo entrar un chico me ofreció una copa y me dijo que me recomendaba que probara el montadito de guacamole… Le hice caso, realmente era buenísimo… Estuvimos hablando un rato de si el guacamole con cilantro o no, y tal, mientras yo iba saciante mi estómago. Él me dijo que se alegraba de haber encontrado alguien más como él, que traía un rato muy aburrido, yo le confesé que vivía en el edificio del lado y que había entrado por casualidad y por pereza de cocinar.
Resultó que su tio era el cocinero del restaurante, y que él se había pasado toda la tarde a la cocina ayudándolo. sabía mucho cocinar. Cómo que yo justo aquel trimestre había hecho el curso de cocina tenía todas las recetas frescas a la cabeza y empezamos a hablar de sopas de sandía, ensaladas exóticas y un largo etcétera. Entonces no sé como fuimos a parar a mi pan que esperaba que yo lo amasase. Le dije que había probado de hacer un par de golpes pero que no me salía, y que hoy estaba cansada y que ya lo dejaba por imposible, que tiraba la toalla. Él me sonrió y me dijo con un filete de voz que si quería podía subir y me enseñaba un par de trucos. Pensé porque no.
Entramos al pequeño ascensor de mi bloque y yo notaba como la tensión que se generaba entre nosotros revotaba de un espejo al otro del ascensor. Entonces se me acercó y me hizo una caricia apartándome los cabellos de la cara diciendo: Qué suerte haberte encontrado hoy. Y dándome un beso muy cálido a la punta de los labios.
Yo noté como una descarga eléctrica me recorría todo el espinazo y correspondí con una sonrisa y uno estoy de acuerdo, acercándole de nuevo mis labios y nos hicimos un señor beso. De aquellos en que las lenguas parecen poseídas por una fuerza sobrehumana, en que sólo mandan ellas y controlan toda la escena.
Al llegar a mi planta, la puerta del ascensor se abrió y nos volvió a la realidad. Bajamos rápidamente y abrí la puerta del piso. Sólo entrar ya sentía el olor de la levadura cruda de la demasiada del pan. Y con una sonrisa socarrona le dije: El deber de te llama, señalándole el bol con la demasiada. No sé si es el que quiero ahora… Me dijo él cogiéndome por las caderas y acercándome hacia él y plantándome otro beso. Liberándome como pude de la tentación, me aparté y le dije que yo ahora sí que quería acabarlo, que era un reto personal y que si no ya lo haría a solas. Él resignado me dijo: Muy bien, pero cámbiate de ropa y ponte algo que se pueda manchar, que la harina es traidora.
Fui rápidamente hacia la habitación y me saqué la blusa y me puse un vestido de verano bien fresquito.
Cuando volví hacia la cocina, él se había espabilado para encontrar la harina que había esparcido por sobre el mármol porque no se enganchara la demasiada y me dijo: Llegas justo a tiempo. Mira el secreto para hacer un buen pan, se llama stretch and fold. Fíjate. Voces como lo estiro? Y después lo pliegas por todos los lados. Voces? Ahora pruébalo tú.
Me puse ante la montaña blanca de sobre el mármol y empecé a copiar el que él había hecho. La demasiada era muy enganxosa y no me salía. Entonces él se puso detrás mío y me cogió las manos para guiar los movimientos. Noté su aliento a mi nuca y otro escalofrío me recorrió de arriba abajo. Él también estaba tienes y desconcentrado, sentía como me olía delicadamente junto a cuello haciendo sonar mi pendiente al rossar-lecon la punta de la nariz. Sin darnos cuenta nuestras manos dejaron de amassar el pan, y se dedicaban a enlazar nuestros dedos danzando su propio baile. Todo el cuerpo empezó a danzar, y yo lo notaba detrás mío cada vez más excitado. Muy despacio sus manos se fueron deslizandose por mis brazos hasta que hábilmente tocaron muy suavemente mis pechos. Noté como los pezones se me ponían de punta de golpe.
Él también lo debía de saber, puesto que incrementó las caricias en aquella zona, acariciando el borde del vestido encima la pitrera con una mano, mientras la otra la bajaba rápidamente hacia mi muslo donde empezaba un proceso pareciendo jugando con el borde de mi vestido y estrujándola hacia arriba.
Yo estaba que me fundía, disfrutando como nunca, de su juego de caricias. Por la parte de arriba se las había apañado para graparme un pecho mientras me besaba suavemente el cuello detrás la oreja, mientras la otra mano ya estaba a mi entrepierna haciéndome sufrir como nunca. Una voz interior me decía, por favor, no aguanto más tócame ya… Y dedo, y hecho, rápidamente va escolar-se por entre mis bragas y me puso un dedo dentro. Luego que me tocó me cuchicheó: Mmm… para mojar pan…
Y el resto de la historia creo que os la dejo por vuestra imaginación, sólo os diré que no me lo había montado nunca al mármol de la cocina del piso y que valió mucho la pena. Finalmente acabamos el pan. A la tercera va la vencida, el mejor pan que he hecho y el que ha tenido la miga más esponjosa! (Claro que con tanto rato de reposo no me extraña)
Aria